Tengo tres hijos con los que me divierto un montón.
Por supuesto, como toda buena madre que se precie de serlo, a veces tengo ganas de estrangularlos. Otras veces quisiera tener una varita mágica y desparecerlos por un rato.
Pero igual, los adoro y me hacen reír con sus ocurrencias.
El mayor es muy noble e ingenuo, a pesar de su 16 años. Todavía viene y se tira encima mío en la cama a ver televisión y salta como cuando era un niñito. Claro que lo hace solo cuando le provoca, si se lo pido dice NO rotundamente. El problema es que me parece que en su cabeza no ha concientizado su tamaño real (mide casi 1,85 m) y viene corriendo, se tira a abrazarme, me clava una rodilla por un lado, el codo en un ojo y me deja sin respiración. Después de un round de cariño de esos necesito al menos un relajante muscular. Me encanta ir con él a cualquier show, teatro o espectáculo, solo por ver lo que él lo disfruta. Creo que no he visto a nadie que desde los 2 años disfrute tanto un espectáculo completo como él. Le encanta reírse y todo lo que sea comedia le atrae. Me encantaría que esa parte ingenua y de niño grande que tiene nunca la pierda.
El segundo es artista y mago y le encanta que la gente se ría de sus cosas. Siempre anda inventando algo y su cabeza es fantasiosa, con la imaginación a millón y buscándole el lado absurdo a todo. Siempre he pensado que él ve la vida como una historieta de comics, o como una película. Por ejemplo, él no se baja del carro, él se tira como en Misión Imposible porque el carro "estallará en solo cinco segundos". A veces me cuenta cosas que se le ocurren, las cuales parecen dignas de un capítulo de The Twilight Zone (otro comentario no entendible para los menos de cuarenta, sorry). Les comento una de las más resaltantes. Hace unos años se quejaba frecuentemente de dolores en las rodillas, las piernas, a veces en los codos. Llegó un día y me dijo: "Ya sé lo que me pasa. Tú sabes, mamá, esos hombrecitos pequeños que viven en nuestro cuerpo, por la noche cuando yo estoy durmiento, me agarran algunos huesos y me los cambian de lugar. Es por eso que en la mañana me despierto con dolores". Yo lo miraba como esperando que se riera, pero siempre me lo contaba con una seriedad de tumba y parecía que lo estaba diciendo totalmente en serio. Eso lo mantuvo por bastante tiempo y un buen día dejó de contarlo.
La tercera es por supuesto la princesa de la casa, después de dos varones se imaginarán. Tiene 10 años pero a difrerencia del mayor, cree que tiene 15. Es una compañía perfecta para salir y conversar haciendo que se me olvide que estoy con una niña.
Un día, tendría ella como 6 años, estaba jugando con todas sus Barbies y los Max Steels de mi segundo hijo (eran los novios de las muñecas). En algún momento pasó mi mamá y vió que en una camita tenía acostada a una Barbie con su "muñeco-novio" encima. Como un comentario gracioso le dijo : "¡Que lindos, se están dando besitos!", a lo que mi hija contestó: "¡Ay abuela por favor, están haciendo el amor!". Un poco precoz diría yo.
Tienen muchas otras cosas buenas que posiblemente se las contaré en otro post, pero no eran tema de éste.
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jueves, 16 de octubre de 2008
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