TODAS soñamos, y lo creímos en algún momento, que era realmente así.
Y cuando nos casamos lo hicimos convencidas de que habíamos encontrado a nuestro "Príncipe Azul". Por supuesto, que sabíamos que los príncipes azules no existen..... pero nosotras, solo nosotras, encontramos a la excepción que confirma la regla. No es cierto??
Y en muchos casos hicimos que el nuestro encajara a la fuerza con el estereotipo de príncipe que teníamos. Y así, comenzamos a verstirlo con esos ropajes hasta que, por arte de magia, se convirtió en nuestro "Príncipe Azul".
Pero, la vida de verdad no es tan glamorosa como en los cuentos, y comenzamos a descubrir poco a poco que nuestro flamante "príncipe" no es tan azul como creíamos, o como nos empeñamos desesperadamente en creer. Y allí el cuento de "... felices para siempre" comienza a dejar de funcionar bien.
El matrimonio es una disposición consciente de estar con la otra persona, pase lo que pase, para llevar adelante un proyecto de vida.
La cuestión vista así, no suena muy romántico que se diga no?. Pero es que tiene que ser una decisión consciente.
Y el amor?, dirán. Si, el amor también está ahí. Y claro, debe existir. Pero el amor como lo entiende una niña de 18 no es el amor que se necesita para sobrevivir un matrimonio.
El amor que necesita un matrimonio es el que se construye con el tiempo a partir de la DECISIÓN Y DISPOSICIÓN CONSCIENTE. Las situaciones difíciles que vivimos se convierten en eslabones fuertes y al superarlos nos unen. Por supuesto, también los momentos felices, que los hay y muchos, unen de una forma muy bonita, fuerte y placentera.
Y, solo después que logramos entender eso, nos encontramos que estamos de nuevo perdidamente enamoradas de nuestros esposos pero no porque está "buenísimo" y nos dice cosas románticas, sino porque lo vemos pasarse la noche en vela cuidándole la fiebre a nuestro hijo más pequeño; o porque después de un día agotador para ambos, friega los platos para que tú no tengas que hacerlo y cuando subes al cuarto ya te tiene preparada la cama para que te acuestes a dormir ( no a otra cosa).
De repente, poquito a poco, comienzas a quitarle cada uno de los ropajes que le pusiste antes.
Entonces te encuentras maravillada ante lo que descubres debajo, y dices con asombro: "Sí, era verdad, los príncipes azules sí existen. Y yo, encontré el mío."
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario